Es una festividad que une a la cultura prehispánica y a la religión católica. Los orígenes mexicanos de esta ceremonia surgieron hace unos tres mil años en las etnias mexica, purépecha y totonaca.
Los antepasados celebraban dos fiestas en distintas épocas del año:
Miccalihui Tontli, dedicada a difuntos más pequeños.
Ueymicaihuitl, dedicada a los espíritus adultos.

Cuando los colonizadores españoles llegaron a América tacharon dichas celebraciones como paganas y como parte de la evangelización del nuevo mundo introdujeron sus propias costumbres para recordar a los difuntos. La iglesia escogió en el siglo IX el 1 de noviembre para las almas de los niños y el 2 de noviembre para los adultos.
Para los indígenas, la fecha significa el retorno de las almas de los difuntos para convivir con ellos y probar la esencia de los alimentos que se les pone en las ofrendas para recibirlos.

¿Qué día llegan los muertos?
28 de octubre: las personas que murieron a causa de un accidente o de forma repentina y violenta
29 de octubre: gente que murió ahogada
30 de octubre: los olvidados, los que no tienen familia que los recuerde
31 de octubre: los que están en el limbo, los niños que nunca nacieron
1 de noviembre: niños menores de 12 años
2 de noviembre: adultos

Según las creencias, los muertos llegan cada 12 horas diariamente, entre el 28 de octubre y el 2 de noviembre. Al terminar las visitas, se levantan los altares.
La celebración del Día de Muertos es una de las tradiciones más antiguas y representativas de México.
El altar o también llamada ofrenda es un elemento importante para la celebración del Día de Muertos y es una muestra de cariño y reverencia para los seres amados que partieron. La ofrenda es el reencuentro con un ritual que convoca a la memoria.
Su principal función es recibir a los espíritus con elementos como las flores, y guiarlos a la casa de sus seres queridos con la luz de las velas y veladoras. Cada uno de estos elementos tiene un significado que hace que esta tradición sea única en el mundo.
